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lunes, 18 de mayo de 2020 | www.paginasiete.bo | La Paz | Por Ramiro Abdón Mamani Laime
Teleeducación en tiempos del covid-19: estudiar en casa

RAMIRO ABDÓN MAMANI LAIME

Teleeducación en tiempos del covid-19: estudiar en casa

En esencia el desarrollo de la educación del ser humano, siempre ha sido un fenómeno de interacción social, para lo cual la presencialidad fue un requisito, hasta ahora indispensable, en muchos niveles escenarios educativos.

Así, en particular, la educación superior universitaria, obligada fundamentalmente a la formación y desarrollo de profesionales que ejerzan una tarea importante de desarrollo de la sociedad, se particularizó en la educación presencial, basada en el fundamento de que es imprescindible el aprendizaje de teorías científicas y su aplicabilidad en un campo profesional específico. Este hecho, particularmente en países latinoamericanos, centro la formación profesional en el “aprendizaje práctico” (Learning by doing).

Justo cuando los modelos educativos de las universidades, especialmente en las américas, empezaron a estructurar modelos de enseñanza y desarrollo curricular, basados en un aprendizaje activo y plenamente vinculado con el mundo laboral, ocurre el fenómeno de la pandemia del Covid-19, lo cual obliga a todos los expertos en educación superior, a investigar cómo es posible un aprendizaje práctico, vinculado con el mundo laboral, situado, significativo, y real; pero con la limitación de la no presencialidad, o al menos, reducirla sustancialmente, dados los nuevos escenarios de salud pública que se enfrentan y se deberán enfrentar a partir de ahora.

En este contexto, resurge el concepto de “Tele-educación”. Ciertamente, el término no es nuevo. Ya en 1988, se estimaba que más de 10 millones las personas estudian a distancia en todo el mundo. Básicamente se trata de que un sujeto que estudia lo haga empleando las Telecomunicaciones disponibles para acceder a la información cuidadosamente seleccionada por personas expertas (docentes) en las temáticas abordadas. Desde los años 90, con el surgimiento de internet, y el desarrollo vertiginoso de la electrónica en las telecomunicaciones, se modernizó la idea de “Tele-educación” incorporándose la frase “educación virtual”, aludiendo a la cercanía que producen entornos facilitados por software, y mimetizando la distancia física y temporal, con innovaciones importantes en hardware, a lo cual se le conoce como Tecnologías de Información y la Comunicación (TIC’s).

 No obstante, por 20 años, los cursos virtuales han peleado un espacio en el concierto de la educación mundial, con importantes logros; pero sin obtener el espacio, la confianza y la hegemonía que siempre tuvo la educación presencial. En particular en nuestro país, en el campo de la educación superior universitaria, se llegó a considerar ese tipo de educación como no muy pertinente para la formación de grado (licenciatura) y solo se acentuó en cursos post-graduales cortos (particularmente diplomados).

Ahora bien, en este último tiempo, las TIC’s, surgieron al rescate de los procesos de aprendizaje diseñados plenamente para un sistema de comunicaciones presenciales y directas entre docente y estudiante. No obstante, en nuestro medio, este “rescate” aún se está entendiendo como un simple reemplazo de la presencialidad por el uso de algunas tecnologías que se encuentran más próximas (lo cual es comprensible dada la emergencia no presupuestada y de consecuencias aún imprevisibles) sin considerar importantes factores del fenómeno educativo en el siglo XXI.

En este sentido, sin ánimo de ser exhaustivodurante esta descripción, en esta ocasión quiero compartir con el lector, algunos factores que se deben considerar a la hora de “rescatar” los procesos de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes universitarios y enmarcarlos en el desarrollo de modelos emergentes que garanticen que se están generando talentos humanos plenamente calificados para un ejercicio profesional en un emergente contexto post Covid-19. 

Tanto el estudiante (que aprende), como el docente (que enseña), deben considerar los siguientes factores que generan el fenómeno educativo:

Autorregulación del aprendizaje. - El estudiante debe asumir responsabilidad sobre su propio aprendizaje, aunque no lo supervisen de manera directa y constante.Este es un factor de consciencia imprescindible, especialmente para los momentos de evaluación, ya que los antiguos rituales de evaluación presencial (exámenes) deben ser reemplazados por procesos virtuales de verificación de actitudes y comportamientos diseñados bajo la premisa de que:“quién está del otro lado de la sala virtual, es realmente quien dice ser”. No obstante, el docente también debe desarrollar un comportamiento importante, siendo más que un oficial fiduciario de los aprendizajes de su estudiante, y logrando ser un artista diseñador de reactivos pedagógicos para motivar al estudiante y llamar su atención hasta capturarlo totalmente en la disciplina que enseña.En este arte, la tecnología disponible actualmente es bastante generosa, permitiendo combinar una serie de recursos digitales (libros electrónicos, videos, audios e imágenes) y virtuales (plataformas, tutoriales inteligentes, redes sociales, interacciones en tiempo real) para conseguir la mezcla perfecta que hará que el estudiante se construya a sí mismo, siguiendo las pautas del docente.

Motivación intrínseca: Muchas veces, ya en la modalidad de educación presencial, el estudiante considera que el objetivo de una tarea es “terminarla” y no “aprender de ella”. Pues bien, en procesos no presenciales esta forma de actuar frente a la tarea, puede acentuarse pronunciadamente, cuando el estudiante no tiene una motivación suficiente para dejar las distracciones que le ofrece su habitación, y opta por medidas alternativas para solo “terminar la tarea”. Es importante trabajar en los estudiantes, de manera previa a la inmersión en la virtualidad, un conocimiento pleno de su motivación intrínseca, que es aquella que nace de las necesidades y deseos internos del sujeto y que se plasman en su plan de vida y metas personales (lo cual generalmente como docentes no nos preocupa porque suponemosque ello se manifiesta en el hecho de asistir a clases). Esta motivación será clave para que el estudiante pase de “querer terminar con las tareas asignadas” a querer aprender de ellas. En consecuencia, los modelos emergentes, basados en la virtualidad como forma de tele-educación, deben considerar espacios virtuales transversales en los que el estudiante desarrolle y fortalezca su conciencia sobre qué quiere en su vida, cuándo lo quiere, y cómo lo quiere. En las clases presenciales, generalmente este tipo de reflexiones las hacen muchos docentes a partir de su experiencia de vida y forma parte de lo que técnicamente se denominaba como “curriculum oculto”. Ahora es importante sacarlo a la luz y transversalizarlo con tecnologías adecuadas y constantes.

Sin duda, no son estos los únicos factores gravitantes para diseñar nuevos modelos que permitan crear la nueva generación de profesionales post Covid-19. Están también los factores tecnológicos, ambientales y personales, que deben ser considerados para el desarrollo de modelos funcionales en una nueva realidad que llegó para quedarse: “Estudiar en la incomodidad de tu casa”. Esperamos compartir con el lector una breve explicación de dichos factores en una próxima oportunidad.

 Ramiro Abdón Mamani Laime es coordinador nacional de planificación estratégica en la Universidad Catolica Boliviana San Pablo.